29/6/09

2 - Espiando Y Siendo Espiada


Estaba trabajando en la redacción 24 horas cuando me llegó un aviso de un corresponsal nuestro que decía haber visto entrar varios coches lujosos en la villa de Stephenie Meyer. “Sarah te sustituirá”, decía el mensaje, “tú ve a investigar”.

En ese momento alguien entró en la redacción. Era mi compañera Sarah.

-¡Venga, vete!-me apremió.-¡Hay una exclusiva ahí fuera y tú estás perdiendo el tiempo! ¡Largo!

Cogí mi cámara nocturna y el equipo de escucha a largas distancias y salí pitando hacia el lujoso caserón propiedad de la escritora. Se veían luces en la planta baja de la mansión.

Me fue fácil saltar la verja, Stephenie no tenía colocada ninguna trampa en el jardín, sólo poseía alarmas de esas que suenan cuando abres una puerta o una ventana. Miré con escepticismo la entrada para el gato en la puerta trasera. La pequeña puertecita estaba equipada con su propia alarma, aunque pocos ladrones hubieran podido entrar por ahí.

Me aproximé con cautela a una de las ventanas que irradiaban luz y me apresuré a pegar el parche-micrófono en el cristal. Conecté mis audífonos y busqué la frecuencia para escuchar la conversación. Empecé a oír con claridad:

-¡Pero no podemos vivir ocultos para siempre!-aquella sonaba como la voz de Rob Pattinson. Estaba enfadado.

-Y qué quieres que hagamos, ¿revelar el secreto a todo el mundo?-me sorprendió que Stephenie tuteara a Rob. La mujer casi escupió las palabras.

-Bueno, tampoco es cuestión de pasarse-la voz de Kristen intentaba calmar a las otras dos voces, que discutían incesantemente.

-No todo es blanco o negro, tenemos varias opciones-aquella voz conocida me sobresaltó. No esperaba que hubiera más gente, aparte de Stephenie, Rob y Kristen. -No hay motivos para discutir, estamos todos juntos en esto y no hay vuelta atrás.-¿de quién podía ser esa voz? La conocía de alguna parte, la había oído antes, pero ¿quién...?

-Chicos, Rihanna tiene razón-dijo Kristen. Espera, ¿Rihanna? ¿Qué tenía Rihanna que ver con todo esto? La voz era suya, desde luego.-¿Según tu criterio, cuáles son nuestras opciones?

-Podemos hacer que todos sean como nosotros.

-¿To-todo Hollywood?-Stephenie vaciló.

-Todo el mundo.

-¿Y de qué nos alimentaríamos?-preguntó desafiante Rob.

-Pues de animales-respondió Rihanna, como si fuera obvio.

-Pero-objetó Kristen.- los humanos hemos acabado con muchas especies por comida. Si nuestra ansia aumentara...

-...no habría animales-Stephenie terminó la frase. Sonó como una sentencia a muerte.

Durante unos segundos, hubo un silencio sepulcral. Temí haber perdido la señal, hasta que la voz de Rob resonó en la habitación:

-¿Hay más opciones?

-Por supuesto-respondió enseguida Rihanna.- Podemos suicidarnos todos.

-Otra.

-¿Ofrecernos como candidatos a viajar al espacio y matarnos aposta y que parezca un accidente?-sugirió Rihanna.

-¿Hay algo que no implique la muerte de nadie?-preguntó Kristen con un deje de desesperación en su voz.

-De hecho sólo quedan las opciones que discutían Robert y Stephenie-se resignó Rihanna.

-Y volvemos a estar como antes-suspiró Rob.

Miré discretamente por la esquina de la ventana y vi a Stephenie, Rob, Kristen y Rihanna de pie en el centro de la estancia. Podía ver la esquina de un sofá del que sobresalían unas piernas con vaqueros y converse lilas. Una adolescente. No podía verle la cara pero si podía ver su mano, que, apoyada en el lateral del sofá, jugueteaba con un mechón de pelo rubio, liso.

De repente, Rob miró fríamente en mi dirección y me agaché rápidamente. Creo que no me vio.

-¿Qué creéis que nos harán si revelamos el secreto?-preguntó una voz dulce, que supuse de la adolescente.

-Pues matarnos, ¿qué otra cosa querrían hacer?-otra voz de mujer desconocida resonó descaradamente en la habitación, respondiendo a la pregunta de la chica rubia.

-Tal vez no nos maten-la contradijo Rihanna suavemente.-pero lo más seguro es que estén desesperados por hacernos una autopsia. Nos querrán muertos.

-¿Y si no lo decimos?-sugirió Rob.

-Sería muy raro que ninguno de nosotros saliera nunca más de casa-dijo Kristen.

-Peor sería que no pudiéramos salir de casa porque quieren diseccionarnos-replicó Rob.-Yo prefiero la primera opción.

Hubo un murmullo general de aprobación.

-No deberías haber escuchado nada-una voz masculina a mi espalda me hizo estremecerme de miedo. No pude ver quién era, ya que un golpe me hizo perder el conocimiento.

26/6/09

1 - Cosas Raras Les Pasan A Los Famosos


Esto sucedió ante mis ojos de la noche a la mañana y no pude cambiar nada ni podría aunque quisiera. Solo pude observar en silencio maravillándome cada segundo de no estar muerta ya, recopilar esta historia de la que nadie sabe ni sabrá, una especie de memorándum que se vendrá conmigo a mi tumba y que seguramente no será descubierto jamás, o tal vez cuando me desentierren por causas que desconozco.

Del principio de todo este embrollo no sé mucho porque no estuve presente, pero por lo visto Stephenie Meyer estaba en lo cierto, ya que poco después del estreno de la última película de la saga Crepúsculo la escritora desapareció y nadie volvió a saber nada de ella. Bueno, yo la vi un tiempo después, pero aún no he llegado a esa parte, así que... La mujer desapareció y todo el planeta la estaba buscando. Un par de meses después la vieron en Portugal y la acogieron, aunque ella decía llamarse Katie Wheeler. Su familia y los protagonistas de las películas de Crepúsculo, amigos suyos, fueron a verla y nadie sabe qué pasó pero todos desaparecieron durante un tiempo y a los seis meses volvieron a los Estados Unidos como si nada, con la única diferencia de que no salían de casa ni para ir a los Oscar. Nadie encontró nada de sospechoso, excepto tal vez la revista Paparazzi, en busca y captura de famosos, que me mandó a mí, su reportera principal, a entrevistar a Rob Pattinson y Kristen Stewart, los actores protagonistas de Crepúsculo. Yo fui a sus mansiones alegremente, sin saber que me estaba metiendo en la boca del lobo, o mejor dicho, del vampiro.

Kristen me trató con educada frialdad, respondiendo a mis preguntas escuetamente, sólo precisando que se habían ido todos de vacaciones porque Stephenie les había hecho ver la manera en que malgastaban su vida. Hizo caso omiso de mis preguntas sobre la película que había dejado a medio hacer y prácticamente me echó de su casa, alegando que tenía que realizar unas llamadas.

Objetivo uno cumplido. Objetivo dos: Robert Pattinson.

Cuando llamé al comunicador con cámara que guardaba la verja de su residencia, Rob me contestó al momento, como si ya supiera que estaba a punto de llamar. Me respondió fríamente, casi con brusquedad, negándome la entrada hasta que le dije que venía de la revista más peligrosa para los famosos (en sentido figurado) de U.S.A. Un ligero pánico apareció en su expresión y me abrió el paso a regañadientes.

A diferencia de Kristen, Rob no me ofreció nada de aperitivo, ni de beber, solo exigió rapidez. Me apresuré a dictarle las preguntas y las contestó con rapidez y brusquedad, como si ya supiera lo que le iba a preguntar, mientras me miraba con un odio estremecedor, como si quisiera que me esfumara.

Me largué de su casa sin haber hecho todas las preguntas, ansiosa por huir del desprecio que se respiraba en el aire.

Aquella misma noche, estaba “fotoshopeando” las fotos que había conseguido hacerles a los actores, cuando me fijé en los ojos de Kristen. Eran violetas, sabía de sobra que sus ojos eran grises pero en la foto salían violetas. Pensé que sería algún error de la cámara y lo ignoré. Aun así, la curiosidad me comía por dentro y miré también los ojos de Rob. Eran negros, sin luz, sin tan sólo un reflejo del flash. Estaban vacíos.

Además, ambos estaban increíblemente pálidos y ojerosos, no parecía en absoluto que acabaran de volver de unas vacaciones de seis meses. Y no parecían tener emociones, eran completamente indiferentes. ¿Sería posible que...?

Sólo pensar en esa posibilidad me dieron escalofríos.

No, era imposible.

¿Lo era?